23 nov. 2008

El Pulso de la Semana con Mundo Jarquín

22 de Noviembre de 2008
El fraude no está consumado

Por más que lo intenten, el fraude no está consumado.

Aunque el Consejo Supremo Electoral (CSE) haya proclamado a "sus ganadores", el fraude no está consumado.

Aunque el Consejo Supremo Electoral (CSE) posesione a "sus ganadores", el fraude no está consumado.

El fraude solamente estaría consumado si todo ahora, en Nicaragua, volviera a ser igual que antes. Si todo ahora fuese "borrón y cuenta nueva".

Y no. Nada en Nicaragua volverá a ser igual que antes de las elecciones del 9 de noviembre.

Para empezar, más tarde o más temprano esta situación se va a revertir.

Difícilmente, también, en el contexto de indignación ciudadana generalizada, pero especialmente de indignación en la inmensa mayoría de liberales, podrá Ortega seguir adelante con su proyecto de reformas constitucionales para perpetuarse en el poder. Ortega podrá robarse momentáneamente unas alcaldías, pero ya no podrá robarnos el futuro a los nicaragüenses.

Ahora los nicaragüenses tenemos más futuro, más futuro cargado de esperanza, que antes de las elecciones municipales. Porque ya no hay máscara que se interponga entre los nicaragüenses y Ortega.

Si algo de máscara quedaba, ha caído.

¿Quién es el gran perdedor?

En esta primera gran ronda de confrontación entre dictadura y democracia, todos se preguntan por los ganadores y perdedores.

Desde luego que a corto plazo Nicaragua ha perdido. Y han perdido, los candidatos victoriosos a quienes se les pretende arrebatar su triunfo. Y se ha perdido la institucionalidad electoral. Y la Policía Nacional, pese al gran esfuerzo que ha hecho para preservar su institucionalidad y evitar derramamiento de sangre, también ha perdido. Y han perdido los barrios y sus ciudadanos que ahora verán actuar a las pandillas con impunidad, porque Ortega les ha dado poder político y control territorial. Y ha perdido el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que ha sido totalmente centrifugado, licuado, por el Orteguismo.

Pero a mediano y largo plazo todos ganaremos, porque se están creando las condiciones para sacudirnos por siempre la pesada hipoteca que representa Ortega y el Orteguismo.

Bien podría Ortega, como Pirro, el Rey de Espiro, que logró una victoria sobre los romanos al costo de la vida de miles de sus hombres, decir: "Otra victoria como ésta, y estaré vencido".

Fin de la complacencia con Ortega

Como lo hemos dicho y demostrado con cifras en muchas ocasiones, Ortega empezó su gobierno en mejores condiciones económicas que cualquier otro gobierno en los últimos 30 años. Ortega recibió a un país creciendo, con una inflación controlada, con el más alto nivel de reservas monetarias internacionales de las últimas tres décadas, con una deuda externa reducida a una pequeña fracción, y con una enorme cantidad de recursos de cooperación externa comprometidos en diversos proyectos.

Además, al iniciar su gobierno, Ortega recibió las manifestaciones de cooperación y buena voluntad de todos los sectores de la comunidad nacional e internacional, incluyendo el gobierno de los Estados Unidos.

Pero Ortega ya ha desperdiciado totalmente esa oportunidad de gobernar en estabilidad y prosperidad, y la complacencia con su gobierno ha terminado.

Ortega tiene a la sociedad nicaragüense tan profundamente dividida por el odio como en los años ochenta, sin que ahora haya una revolución, o una guerra fría. Y Ortega tiene ahora menos apoyo que en el punto más bajo de los años ochenta.

Ortega ha logrado unificar en su contra a todos lo sectores políticos, por encima de diferencias ideológicas. Ortega se ha echado en contra al vasto tendido de organizaciones de la sociedad civil. Y los sectores gremiales del sector privado saben y lo manifiestan, que Ortega nos lleva al desastre, y por tanto la capacidad de Ortega para cooptarlos se ha reducido al mínimo. Los Obispos de la Iglesia Católica, y líderes de otras denominaciones, con quienes Ortega había venido realizando un paciente y persistente trabajo de años, para convencerles que había cambiado, que no era el mismo de antes, con el objetivo de disminuir las tensiones y suspicacias de antaño, están alarmados por la deriva autoritaria de su gobierno, y el uso abusivo y oportunista que hace de la religión y sus símbolos. Y no poca cosa, son más y más los miembros del FSLN desencantados e indignados. Finalmente, desde la Policía y el Ejército llegan a la sociedad los ecos de su preocupación institucional y profesional por el enfrentamiento al que Ortega está conduciendo a Nicaragua.

Y la comunidad internacional, hasta hace poco indiferente frente a lo que en Nicaragua ocurría, ha empezado a manifestar su malestar y, en casos, indignación, y los riesgos de que la cooperación internacional se caiga abruptamente, son ahora mayores. No hay un solo gobierno en toda América Latina que coseche tanto repudio en la opinión pública internacional como el de Ortega.

Todo eso está ocurriendo sobre el trasfondo de un mayúsculo fracaso estratégico de Ortega, porque no está ni remotamente enfrentando los problemas que más preocupan a los nicaragüenses: el empleo, el salario, la pobreza.

En esas condiciones, ¿cómo podrá a mediano y largo plazo sobrevivir el poder que hasta ahora ha tenido Ortega?

Por eso insistimos: Ortega, tratando de imponer el fraude, ha cosechado una victoria Pírrica. Quizá ha tenido una victoria táctica, pero ha sufrido una derrota estratégica.

Nueva cultura política

De los escombros en que Ortega tiene a nuestra joven democracia, está emergiendo una nueva cultura política.

Como lo dijimos la semana pasada, el eje de la polarización política sandinismo-antisandinismo que prevaleció por tres décadas, ha sido sustituido por la polarización Orteguismo-Antiorteguismo, como la simbolización personal de la polarización dictadura-democracia.

Ese cambio en el eje de la polarización política encierra el germen de una nueva cultura política, más moderna. En la polarización anterior había una gran carga de atraso, porque en el antisandinismo había sectores democráticos y sectores autoritarios, y lo mismo ocurría en el sandinismo. Eso nos mantenía, inevitablemente, atados al pasado.

Hay, entonces, suficientes razones para la esperanza, porque en la batalla entre la opresión y la libertad, siempre ha triunfado la libertad.

La tarea más importante

En la perspectiva de materializar esa derrota estratégica de Ortega, nada es más importante que conservar el amplio frente de lucha contra la dictadura que de manera explícita, en unos casos, y menos explícita en otros, se ha estructurado.

Conservar esa unidad es responsabilidad de todos, pero especialmente de los dirigentes políticos, gremiales, de la sociedad civil y de los medios de comunicación.

Probablemente la tarea más urgente a la que ahora se abocará Ortega, es destruir ese amplio frente. Y hará uso de todos los medios, desde el halago y la prebenda, hasta el chantaje y la presión.

Yo, que las circunstancias de las elecciones me pusieron en contacto con sectores con los que no había tenido mayor o ninguna comunicación, estoy optimista. He podido conocer a fondo el calado de las convicciones democráticas de la inmensa mayoría de nicaragüenses humildes, que fervientemente demandan permanezcamos unidos en defensa de la democracia.

De eso estoy totalmente convencido: si la unidad construida se resquebraja, y esperamos no ocurra, no será responsabilidad del pueblo, sino de los dirigentes.
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1 comentario:

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