26 may. 2008

El país en crisis…..y el Presidente viajando

El país en crisis…..y el Presidente viajando

Que el país se encuentra sumido en una grave crisis -de inflación, pobreza, desempleo, energía, el problema no resuelto de los Cenis, el conflicto con Unión Fenosa, la falta de preparación del año agrícola, entre otros- es cosa de todos conocida, y sufrida, menos, parece, por el Presidente Ortega.

El Presidente Ortega sigue sin hacer una sola propuesta concreta de cómo enfrentar los problemas que más preocupan a los nicaragüenses: la inflación, el desempleo y la pobreza. En vez de enfrentar esos problemas, el Presidente Ortega se dedica a ver conspiraciones y enemigos por todas partes, cuando los verdaderos enemigos de su gobierno son el autoritarismo, que provoca incertidumbre jurídica y desconfianza política; el secretismo, que se traduce en parálisis e ineficiencia de la gestión gubernamental; y la corrupción que está carcomiendo las entrañas del orteguismo.

Pero ya la inmensa mayoría del pueblo, inclusive miembros del Frente Sandinista, se han dado cuenta del gigantesco fraude que ha resultado el gobierno de Ortega. Según la última encuesta, ocho de cada diez nicaragüenses, incluyendo cinco de cada diez miembros del FSLN, no creen que se está cumpliendo la promesa de “hambre cero” y “desempleo cero”. Nueve de cada diez nicaragüenses, incluyendo siete de cada diez miembros del FSLN, creen que la economía ha empeorado. No hay ningún gobierno en toda América Latina que tenga peor evaluación en esos rubros.

Mientras tanto, el Presidente Ortega ha emprendido un viaje de una semana al Uruguay, a un foro de partidos políticos, como si eso pudiese ser prioridad para los nicaragüenses.

Créanme, si alguno de ustedes ve ese viaje del Presidente Ortega como turismo presidencial, no está equivocado.

¿Por qué Lula si puede hacerlo?

Pero la verdad es que algún provecho podría tener para el país ese viaje del Presidente Ortega, a esa reunión de partidos políticos, en Uruguay, si aprovecha para aprender de lo que están haciendo otros presidentes de América Latina.

Mucho, por ejemplo, podría aprender el Presidente Ortega del Presidente Lula, del Brasil, con quien tanto gusta compararse, y que fuera el fundador de ese foro de partidos políticos, conocido como Foro de Sao Paulo, al cual está asistiendo Ortega.

En días recientes, las noticias internacionales destacaron que Brasil había obtenido, de las firmas internacionales calificadoras del crédito de los países, el conocido como “grado de inversión”.

¿Qué significa el “grado de inversión”? Que para esas firmas calificadoras del riesgo de inversión de los diversos países, Brasil, hasta hace una década conocido por su grandes desequilibrios económicos, ha pasado a ser un país seguro para la inversión. Es decir, que dadas sus políticas económicas, su ambiente político, su sistema judicial y su clima de negocios, es un país dónde los inversionistas pueden ir con seguridad jurídica y confianza política. Significa, además, que el gobierno y las empresas de ese país, podrán tener acceso a préstamos en los mercados internacionales, en condiciones de plazos y tasas de interés, sensiblemente mejores que las que obtienen países que no han obtenido “el grado de inversión”. Y desde luego, a más inversión, más empleos y menos pobreza. Así se explica que en los últimos muy pocos años, Brasil haya sacado de la pobreza a 23 millones de personas.

Lo más relevante del caso, para Nicaragua, es que Brasil ha alcanzado esa excelente nota en los mercados financieros internacionales, teniendo un gobierno de izquierda, encabezado por el Presidente Lula. Y digo que es relevante para Nicaragua, porque el Presidente Ortega se considera así mismo de izquierda -aunque haya quienes digan que no es izquierdista, sino orteguista- y con frecuencia le gusta compararse, al describir la ola de gobiernos de extracción popular que han venido poblando la geografía política del continente, con casos como el de Lula, en Brasil.

La diferencia está en que Lula sabe que es posible, con políticas eficaces y no con discursos, conciliar el Estado con el mercado, el mercado con la equidad, la democracia con la justicia social, el interés nacional con la globalización. Y de ahí el éxito de Brasil, tanto en materia crediticia internacional, como de lucha contra la pobreza. En cambio el Presidente Ortega no pierde oportunidad para despotricar contra lo que llama la “tiranía del capitalismo global”, y no aprende la lección que se puede ser de izquierda, democrático, y exitoso en términos de solucionar los problemas del país.

Entonces, así se explica, también, que contrario a lo que ocurre en Brasil, después de año y medio de gobierno de Ortega, tengamos más pobres que antes.

Agarrar agua con las manos

Se suele decir, cuando un esfuerzo está condenado al fracaso, que es como intentar agarrar agua con las manos: se escurre entre los dedos.

Algo semejante ocurre con los intentos que el Presidente Ortega hace para intentar silenciar las voces que le critican, en vez de remover las razones de esas críticas.

Así se entiende su embestida autoritaria contra los medios de comunicación. Así se entiende, también, el uso del poder electoral y judicial para reprimir y chantajear.

Así se entienden, también, las resoluciones con la cual el Consejo Supremo Electoral ha cerrado la semana, informando al Movimiento Renovar Sandinista (MRS), y al Partido Conservador, que ha iniciado el proceso de cancelación de sus personerías jurídicas para impedirles participar en las próximas elecciones municipales.

Esa decisión claramente represiva de un organismo manipulado por Ortega y el ex presidente Alemán, solamente se entiende por las siguientes razones vinculadas:

Primero, tienen miedo que esas organizaciones que están fuera del pacto corrupto, autoritario y antidemocrático entre Alemán y Ortega, puedan expresar el creciente descontento de la gente. Específicamente, Ortega teme a la Alianza MRS, una fuerza emergente, que tuvo su debut electoral hace dos años, y que tiene una creciente simpatía entre la opinión pública.

Segundo, se ha intensificado el pacto y entendimiento entre Alemán y Ortega, con el propósito de establecer un bipartidismo forzado. Afuera quieren dejar a la casi mitad de la población que no se identifica ni con el orteguismo ni con el alemancismo.

Pero es inútil. Como aprendí de joven, leyendo “Las uvas de la ira” de John Steinbeck, “la represión puede retrasar el día de la caída de los tiranos, pero fortalece la inevitabilidad de ese día”.

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