13 dic. 2007

Hugo Torres opina acerca de Gobierno de Daniel Ortega:


HUGO TORRES JIMENEZ: PRESIDENTE ESTA DESBOCADO

A troche y moche, el presidente Ortega quiere hacer avanzar la organización de su proyecto personal y familiar, aunque se lleve por delante lo poco que queda de institucionalidad y de Estado de Derecho. En este propósito se hace acompañar, sea por las buenas o por las malas, o por un poco de ambas, del Dr. Arnoldo Alemán y del PLC; pero también procura que lo acompañe, en este caso por las malas, Eduardo Montealegre, y la parte que lidera éste de ALN. La maniobra es mantener divididos a toda costa a los liberales para poder tener mejores posibilidades de “negociación” con cada uno de ellos por aparte, sabiendo muy bien por donde les aprieta el zapato a cada uno de esos líderes, teniendo el presidente en sus manos la posibilidad de socárselos más o de aflojárselos, según lo ameriten sus intereses.

Pero si ése es el objetivo obvio respecto a esas dos organizaciones partidarias, no por eso debemos creer que sea el único que el presidente persigue. Hay uno menos visible y es el de centralizar de manera absoluta el poder a lo interno de su propio partido, buscando resolver desde las potencialidades que le da el ser presidente y gobierno, y todo lo que esto representa, más el control del Poder Judicial, las contradicciones con distintos dirigentes del Frente, los cuales mantienen no tan calladas diferencias respecto a la conceptualización del proyecto político del presidente Ortega, su esposa y su familia. Las públicas diferencias con Dionisio Marenco, Alcalde de Managua y otrora grandísimo y leal amigo y compañero, son apenas las puntas del iceberg del cúmulo de irritaciones y serias contradicciones que se mueven al interior de esa organización partidaria.

Al empeñarse en un proyecto de esta naturaleza, el Presidente ha expuesto al desgaste acelerado al Frente, desnaturalizándolo como partido progresista y convirtiéndolo cada vez más en un típico partido de la política nicaragüense, a la vieja usanza de los tradicionales partidos criollos; con el agregado de haberlo transformado también, en un émulo de los viejos partidos burocratizados de corte estalinista; ejemplos de ese carácter abundan en este poco tiempo de ejercicio del poder desde la Presidencia.

En un afán casi esquizofrénico, el presidente no parece medir los límites de sus atribuciones y potencialidades, presidenciales y partidarias, atropellando a moros y cristianos con sus medidas arbitrarias, y desconociendo y menospreciando el valor que la Constitución y las leyes tienen para una sociedad constituida. Pareciera que está desbocado --es decir, sin rienda-- en la búsqueda de acumulación de más poder para volverse no sólo el único líder de su partido, sino también el eterno presidente, primer ministro o ungido divino de todos los nicaragüenses; y todo esto, como dirían los mexicanos: ¡A “güevo”!

Al actuar de esa manera el presidente, por ser quien es y por venir de donde viene, desprestigia a la izquierda como fuerza de cambio y progreso, formando en la mente de mucha gente la idea errónea de que la izquierda es exclusión, polarización, represión, chantaje y extorsión, desunión y atomización, falta de consenso, enemiga de las mujeres al penalizar el aborto para salvar la vida de la mujer en riesgo, pleitos con todo el mundo, politización de la justicia y “justiciación” de la política y manipulación grosera de la fe religiosa al pretender hacerle creer a la ciudadanía que Daniel Ortega llegó a ser presidente por obra y gracia del Espíritu Santo y al proclamar a la Virgen María Patrona de Nicaragua, desconociendo el carácter laico del Estado consignado en la Constitución Política de la República.

La actuación del presidente es una verdadera tragedia para el país --peor que las de los gobernantes que le precedieron--, pero también lo es para el propio FSLN, sobre todo para aquellos militantes y seguidores que albergaban de buena fe la esperanza en una gestión exitosa de su gobierno para ir sacando a Nicaragua del atraso, con alto sentido de responsabilidad, con políticas consecuentes con la realidad nacional e internacional, con actitudes incluyentes y con el mayor consenso nacional posible; es decir, un Presidente que gobernara para todos y no sólo para unos pocos. Eso le hubiera ayudado mucho a engrandecer a ese partido. Pero lo que queda en evidencia es que el comandante Ortega aprendió muy poco o nada de la experiencia de los años 80, en el plano nacional e internacional, y no ha sabido hacer la lectura apropiada de la situación mundial actual en la cual debemos inscribir de manera exitosa a Nicaragua; si es que realmente queremos tener futuro como país.

El atropello constante y recurrente de la Constitución y las leyes, y la profundización de la prostitución de muchos jueces y tribunales, no hacen presagiar cambio alguno, para mal de todos, de parte del presidente y su reducidísimo círculo de incondicionales más cercano; sólo la reacción de la mayoría de los nicaragüenses, organizados o no, incluyendo a sectores sensatos de la militancia del Frente, podrá frenar a este líder desbocado de la inconsecuencia política (con los intereses de la nación ¡y los de su propio partido!) para ponerle el cabestro y jalarle las riendas, para obligarle a caminar por el camino correcto; es decir, el de la responsabilidad, la sensatez y la prudencia política. Recordemos que caballo desbocado tiende a irse al abismo, arrastrando con él el carretón donde vamos montados todos; todos, sin excepción alguna.

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