13 dic. 2007

Desnudar los planes de Daniel Ortega desde la izquierda:


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Nicaragua

“Debemos desnudar los planes de Daniel Ortega desde la izquierda”

Mónica Baltodano, dirigente del Movimiento por el Rescate del Sandinismo, diputada de la Alianza MRS en la Asamblea Nacional y dirigente histórica del Frente Sandinista, analiza los actuales conflictos en el FSLN, la falta de proyecto revolucionario del gobierno de Daniel Ortega y la iniciativa gubernamental de los Consejos del Poder Ciudadano, en una charla con Envío que transcribimos.

Mónica Baltodano

Cuando analizo lo que está pasando en Nicaragua, me viene a la mente un cuento oriental. Dice el cuento que un hombre perdió sus llaves y un amigo lo encontró en su casa, toda iluminada, registrando en cuclillas por el suelo. ¿Qué estás haciendo?, le dijo. Buscando las llaves. ¿Y dónde se te perdieron? Allá, en aquel callejón oscuro, respondió él. Entonces, ¿por qué las buscas aquí si se te cayeron allá? Bueno, porque aquí hay luz…

Y es que muchas veces buscamos donde no vamos a encontrar, sólo porque ahí están enfocados los reflectores. Y perdemos energía y mucho entusiasmo buscando inútilmente. Los medios de comunicación, la propaganda, y a veces los líderes políticos, nos ponen a buscar donde no vamos a encontrar.

Las contradicciones políticas que todos los días vemos destacadas en los medios no necesariamente reflejan
el problema central de Nicaragua, el problema al que debemos ponerle atención. El sistema ha tenido capacidad para distraernos con asuntos superficiales, con lo que aflora por encima, para que no indaguemos ni nos preocupemos por ver lo que está por debajo, lo que dejan en la sombra. Y es ahí donde podríamos encontrar lo que buscamos.

En Derecho hay un principio que dice: La causa de la causa es la causa del mal causado. El sistema ha tenido capacidad de dejarnos en la superficie, sin que lleguemos a “la causa de la causa”. En las últimas décadas, en el mundo, en Nicaragua, hemos estado viviendo con un enfoque de los problemas que nos deja en la superficie, que permite ocultar las razones últimas y primarias por las que vivimos en un mundo tan inequitativo, desigual e injusto. La mayoría de la población es prisionera de un enfoque que no llega nunca a la raíz. Y por eso buscan las respuestas de manera incompleta y a veces inadecuada.

Tengo la convicción de que los problemas que vemos todos los días en nuestra vida política no son más que expresiones de esa raíz que es el sistema capitalista, hegemónico y dominante en el que estamos viviendo. Mi compromiso de lucha es para la construcción de otro mundo, que creo que es posible, necesario y urgente. En este mundo capitalista, neoliberal, con una hegemonía basada en la supremacía económica, ideológica y militar, sabemos que, aunque los Estados nacionales tienen una soberanía cada vez más reducida, hay en todos ellos -aún en los más pobres y frágiles como Nicaragua- pequeños grupos locales enriquecidos y articulados con la hegemonía del capital internacional. Esas minorías son las que se sienten satisfechas con la situación actual. En Nicaragua no pasan del 5%. A nivel mundial es un 10-15% la gente satisfecha, la que siente que las cosas les van bien.

Construir un mundo diferente requiere no sólo criticar el sistema en el que vivimos. Requiere analizar críticamente los modelos alternativos que se han erigidos y que se siguen construyendo, para solucionar las inequidades que a diario nos conmueven con sus dramáticas cifras. Requiere también tener capacidad para delinear los rasgos de ese otro mundo que queremos edificar. Y requiere luchar para que no sea sólo un delineamiento teórico, sino hecho con la participación práctica y concreta en los esfuerzos por el cambio.

Entre los rasgos fundamentales para delinear un modelo alternativo están la igualdad, la justicia social y la libertad. Si ésos son los rasgos, nos corresponde analizar la igualdad o desigualdad que hay en el sistema que criticamos y en el modelo que se nos presenta como alternativa. ¿Qué nivel de igualdad o de desigualdad hay en el sistema que existe? ¿Y cómo se manifestó la igualdad o la desigualdad en los sistemas que quisieron ser alternativos -los del socialismo real- o en los modelos alternativos que se promueven -se dice que se trata de hacer algo distinto en Venezuela-? ¿Y cómo se manifiesta la igualdad o la desigualdad en Nicaragua, donde el gobierno nos dice que estamos viviendo “nuevos días de revolución”?

Igual con la justicia social y la libertad. Creemos que hablar de promover la justicia social sin libertad es peligrosísimo. Ya se probó: el sistema que se suponía iba a ser justo socialmente, aplastó la libertad y fracasó. Actualmente, hay dirigentes del Frente Sandinista que creen que se puede hablar de justicia social y construir justicia social atropellando la libertad. Igualmente, hay dirigentes del Frente Sandinista que nos critican porque tenemos un afán exacerbado en la democracia. Nos dicen que cómo defendemos esta “democracia burguesa” cuando para construir una sociedad más justa hay que ser a veces antidemocráticos y autoritarios. No estamos de acuerdo con esa posición.

Entre los rasgos de un modelo alternativo hay que tener también muy en cuenta los necesarios cambios en la cultura política. Si en Nicaragua decimos que queremos una nueva sociedad y seguimos alentando una cultura política clientelista, prebendaria, llena de inmoralidades y donde se atropella el principio del Estado laico manteniendo un maridaje entre Iglesia y Estado que alienta las expresiones más conservadoras de la religiosidad, no estamos construyendo ninguna alternativa.

Obligadamente, tenemos que hacer todas estas reflexiones desde la acción, desde la práctica. Y eso significa el diseño de un mínimo de estrategia de cambio. Esa estrategia debe tener tres elementos fundamentales: enfrentar la lógica de des-ideologización que nos han vendido y que hemos comprado, creyendo que hay que renunciar a la construcción de un cuerpo de ideas, de un análisis que utilice herramientas científicas para desmenuzar la realidad, cuando no puede haber una práctica de transformación y cambio si no tenemos un mínimo de ideas orientadoras hacia ese cambio. El segundo elemento es reconocer quiénes son los que están llamados a hacer los cambios, los sujetos de los cambios. Cómo actúan, cómo los identificamos, cómo se articulan. El tercer elemento es tener clara la convicción de que este mundo actual es injusto porque en él predomina la lógica del mercado, cuyo ADN determina un resultado injusto, tener claro que por eso debemos apostar a cambios pequeños y a reformas, pero teniendo siempre delante un horizonte de mediano y largo plazo que asegure cambios más profundos. Si no, nos quedaremos buscando las llaves debajo de la luz pero no las vamos a encontrar, porque allí no están.

Después de esta necesaria introducción del “desde dónde” hablamos, pensamos y actuamos, ¿cómo miramos la realidad nicaragüense? En Nicaragua tuvimos una revolución triunfante y después una contrarreforma que, a mi juicio, aún no ha tocado fondo. Uno de los elementos determinantes de esa contrarreforma ha sido la contrarreforma ideológica, la contrarreforma en la subjetividad, que afectó la organización de la gente.

Creemos y sabemos que no es posible hacer cambios sin sujetos activos, conscientes, organizados, movilizados y luchando. Sabiendo todo esto, tenemos que llegar a una conclusión dramática: sí, tuvimos una revolución, pero quince años después tenemos como resultado un pueblo en buena parte desmovilizado, subordinado, alienado, que cree en las posibilidades de cambio y de mejorar su vida a partir de enfoques mágicos, sin una ruta y un camino claramente definidos. Uno de los dramas más grandes de Nicaragua es que habiendo tenido una revolución, tenemos hoy que preguntarnos: ¿Existe izquierda en Nicaragua? ¿Existen organizaciones de izquierda en Nicaragua? Si uno mide al Frente Sandinista actual con los parámetros de lo que es una organización revolucionaria, transformadora, yo no lo puedo colocar como una fuerza de izquierda. Eso no significa que yo niegue que haya sectores, bases, gente dentro del Frente Sandinista, que son de izquierda y siguen aspirando a un mundo distinto.

16 años de gobiernos neoliberales nos han dejado como resultado la desorganización, la desmovilización y la deconstrucción de un movimiento popular para el cambio. Pero esto no sólo es efecto del neoliberalismo. La dirigencia del Frente Sandinista, y en particular Daniel Ortega, también tienen responsabilidad.

Debemos recordar que la mayoría de las organizaciones populares fueron creadas al calor de la revolución y fundamentalmente como instrumentos de defensa de la revolución y al servicio de las transformaciones revolucionarias. Por eso, la mayoría de estas organizaciones crecieron y se desarrollaron sobre la base de una subordinación a la vanguardia del Frente Sandinista. La lógica con la que actuaron, en base a la teoría de entonces, era ser correas de transmisión de la vanguardia, que era la que encarnaba los grandes ideales y las grandes metas. Para hacer realidad los ideales revolucionarios, las organizaciones tenían que responder a la estrategia revolucionaria que diseñaba la vanguardia.

Después de la derrota electoral, muchas de estas organizaciones intentaron, hicieron algunos esfuerzos, por su autonomía. Quienes más lo lograron fueron los movimientos de mujeres. Pero, en gran medida, con el primer quiebre que se da en el Frente Sandinista, en 1994, muchas de estas organizaciones volvieron a jugar un rol subordinado a partir de distintos mecanismos, entre los que se incluyeron mecanismos de cooptación a través de prebendas, reparto de propiedades y de cuotas de poder. Durante años, estas organizaciones han mantenido sus luchas y sus demandas muy subordinadas a la lógica política de la estructura partidaria.

Hay que tener en cuenta, además, que el pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán tuvo al comienzo dos patas. Ahora tiene tres, porque incluye la pata del pacto con Obando y un sector de la jerarquía católica. Aquellas primeras dos patas fueron la política y la económica. La política es la que se mira más, la que está siempre enfocada por los reflectores: el reparto de las instituciones del Estado, de los cargos en las instituciones del Estado. Pero no está bajo la luz de los reflectores el gran aporte económico que en el pacto hizo Daniel Ortega: garantizar la desmovilización social. Daniel Ortega recibió ese 35% de porcentaje electoral que le permitió llegar al gobierno, pero él hizo el principal aporte desmovilizando totalmente a todas las organizaciones populares. Y eso es lo que permitió el desarrollo del proyecto neoliberal sin ningún tipo de límites. Además, a partir del pacto se constituyeron nuevos capitales entre allegados a Ortega y a Alemán, jugando con ventaja en los procesos de privatización de servicios públicos y de todas las propiedades del área estatal -la venta de los bienes de la CORNAP-. Todo lo que pasó con las quiebras bancarias, el reparto millonario de indemnizaciones, el escándalo de los CENIS, todo eso constituye la pata económica del pacto: “Yo te doy, vos me das”.

En estas circunstancias, el aparato del Frente Sandinista se fue debilitando cada vez más. La organización en el Frente Sandinista se redujo de manera dramática. Al final, el Frente quedó convertido únicamente en una estructura electoral: unos 30 mil fiscales, miembros de las mesas de votación y garantizadores de la defensa del voto, gente que ni siquiera realizaba tareas de carácter proselitista. Esta estructura se mantuvo organizada exclusivamente para la defensa del voto en momentos electorales y subordinada al secretario de organización, Lenín Cerna.

Sin ninguna organización política en el Frente Sandinista, se llegó también a un punto, sobre todo en los últimos cuatro o cinco años, en que se perdió totalmente la institucionalidad del partido. Los propios analistas orgánicos del Frente Sandinista y del danielismo lo reconocen. Actualmente, no existe ni organización política ni institucionalidad partidaria en el Frente Sandinista y las decisiones, que durante años se tomaban colectivamente, las adopta ahora la pareja presidencial y algunos cuantos allegados. La victoria electoral sorprendió al Frente Sandinista con este gran debilitamiento de su organización y con nula institucionalidad. Además, se trató de una victoria minoritaria: el 38% de los votos no le garantiza a Daniel Ortega una correlación social suficiente para impulsar su proyecto político, que es un proyecto personal centrado en el control del poder.

Éste es el contexto en donde surge la idea de crear los Consejos del Poder Ciudadano. Necesitan organizar los CPC porque ellos saben que cuentan con un respaldo de votos modesto, que además no cuentan con un tendido institucional orgánico capaz de impulsar ese proyecto y además, que una parte importante del tendido que tuvieron se ha reducido exclusivamente a lo electoral. Ellos lo saben perfectamente. El propio 5 de noviembre ya se dan cuenta que tienen que construir una estructura que responda de manera directa a la lógica de su proyecto. Y entonces diseñan los CPC, que como dice el decreto por el que los crearon serán una especie de escuelas reproductoras de las ideas que surgirán desde un núcleo de mando que se coloca en la cúspide, en la Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo.

El diseño de los Consejos comunitarios que hay en Venezuela es bastante similar. Nosotros estuvimos muy ligados al proyecto de la revolución bolivariana desde su inicio y recuerdo que hablando con uno de los principales líderes de este esfuerzo nos decía que ellos también fueron sorprendidos con la victoria electoral. En Venezuela había dos grandes monstruos partidarios y el Movimiento Quinta República ganó las elecciones porque logró capitalizar el gran descontento de la mayoría empobrecida frente a la dinámica de los grupos de poder y después de la crisis de los precios del petróleo y el “caracazo”. Cuando ganaron, se dieron cuenta que no tenían organización, que no tenían estructura, que no tenían ningún tendido. Entonces, empezaron a experimentar distintas formas de organización. La más reciente, articulando lo que llamaron Misiones y otras formas de organización barrial, son los Consejos comunales. Bastante similares a los CPC de aquí porque están diseñados para desarrollar tareas de carácter estatal en la comunidad: educación, salud, vivienda…

¿Cuál es el problema que enfrentan en Nicaragua los CPC? Que están montados sobre los restos, sobre lo que queda de la estructura del Frente Sandinista, sobre espacios que habían venido perdiendo liderazgo y protagonismo real. Los liderazgos orgánicos, vinculados a la estructura partidaria y ligados a las actividades de defensa del voto, no estaban muy relacionados con el trabajo social. No todos, porque hay sandinistas, incluso danielistas, y gente votante del Frente Sandinista, que nunca perdió vinculación con la organización social. Pero una mayoría sí la perdió. En la mayoría de los casos, el líder del partido no participaba en las organizaciones sociales ni siquiera en los Comités de Desarrollo Municipal allí donde los hay. Porque también es cierto que no hay CDM en todos los municipios del país.

Instalar los CPC, montados sobre los restos de la estructura del Frente Sandinista y colocarlos por encima de expresiones de participación que ya tienen diez, quince, dieciséis años de trabajar, y organizarlos sin considerar los liderazgos locales y tradicionales, es lo que ha generado conflictos en muchos lugares. Es el caso, por ejemplo, de Condega, uno de los municipios pioneros en la aplicación de la Ley de Participación Ciudadana, con un CDM, con una comisión de educación, una comisión para resolver el problema del agua, una comisión para los problemas de salud…

En otros lugares, por ejemplo en Managua, nunca se organizaron los espacios de participación ciudadana que conocemos en otros municipios. Yo muchas veces critiqué a Herty Lewites, le reclame por su poca preocupación por la organización ciudadana. Durante su gestión, las instancias de participación ciudadana brillaron por su ausencia, como han brillado también por su ausencia en el caso del actual alcalde. Sin embargo, algunas organizaciones mostraron interés en impulsar comités barriales en barrios muy grandes y ha habido el proyecto de crear comités de desarrollo distrital, que en realidad aún no existen. Esta debilidad de las estructuras de participación ciudadana en Managua ha favorecido el desarrollo de los CPC en la capital. En Managua tienen un poco más de organización, a pesar de que el trabajo del Frente Sandinista en Managua ha tenido muchas debilidades y Managua es uno de los municipios en donde el Frente tiene el enorme desafío de ganar las elecciones municipales de 2008 y no la tiene fácil. Yo creo que Managua será una de las plazas más disputadas de manera real en las próximas elecciones. En Managua en las votaciones para diputados, la Alianza MRS sacó 19% y quedó por encima del PLC. El Frente Sandinista sacó 34%, ALN 28% y el PLC 17%. Managua es una plaza en la que el Frente Sandinista ha perdido muchísimo respaldo y en donde se expresan de manera más evidente las contradicciones de la estructura que depende de Rosario Murillo, con la estructura que depende de Lenín Cerna. Además, hay contradicciones con las estructuras barriales auténticas, impulsadas principalmente por el Movimiento Comunal, por las organizaciones de mujeres y por otras organizaciones sociales.

El proceso de descomposición social general de la sociedad y el debilitamiento y corrupción del FSLN terminó convirtiendo la labor política en una labor pagada. Tenemos dificultades para cambiar la lógica con la que hoy la gente se mueve: si no les pagas el pasaje y el refrigerio no acuden a ninguna reunión. Y eso no es por la pobreza, es por la descomposición generada por la dinámica y la lógica de hacer política. ¿Cómo cambiar esto? Hay que volver a empezar, retomar la labor de hormiga de los años 60 y 70, construyendo núcleos de conciencia, ir tejiendo, reconstruyendo ideales, desarrollando procesos de formación, con pensamiento crítico.

Yo puedo imaginarme con fundamento que esta descomposición afecta también hoy a las bases de los CPC. Yo no me imagino al 80-90% de la gente que se ha integrado a los CPC moviéndose exclusivamente por convicción. Hay muchos intereses particulares, inmediatos y materiales. Y naturalmente, dependiendo del liderazgo territorial, local y barrial, los resultados de los CPC van a ser más o menos positivos.

Los CPC ya han estado vendiendo frijoles a precios más baratos. El Ministro dijo que el Estado importó los frijoles con los 16 millones que dio Hugo Chávez para los damnificados del huracán Félix y los afectados por las lluvias. Pero además, este año estamos hablando de por lo menos 70 millones de dólares derivados de la cooperación de Venezuela exclusivamente por petróleo. Una parte de estos recursos sin control de nadie, ya los están moviendo a través de los CPC.

Me puedo imaginar que estos recursos serán una “motivación” para organizarse en los CPC. Otra justa motivación será la posibilidad de encontrar trabajo. Ya hay gente que va a pedir trabajo a una institución estatal y le dicen que vaya a buscar primero el aval del CPC y si va a su CPC no se lo dan porque “vos andabas con el MRS ¡y que te den trabajo ellos!”. Podemos entonces imaginarnos a los CPC reproduciendo los procesos de corrupción y de utilización clientelar de los recursos, aunque seguramente habrá sus excepciones, porque habrá gente que participará sinceramente.

Tenemos que tener claro que un gobierno con una fuerza de 30 mil personas cohesionadas, que se movilizan, que agitan, que actúan como fuerza de choque puede controlar a un país donde hay uno o dos millones de descontentos, pero que se quedan inmóviles en sus casas. De ahí que es fundamental la organización y la movilización ciudadanas.

En síntesis, yo pienso que los CPC obedecen a la necesidad de la pareja presidencial de contar con una organización de base popular que responda a la lógica del proyecto. Y aquí viene la gran pregunta y la discusión: ¿cuál es el proyecto del FSLN en el gobierno? Hay algunos, como el compañero William Grigsby, que plantean que dentro del Frente Sandinista hay actualmente una batalla campal entre la línea de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que quieren impulsar un proyecto transformador de raíz, un proyecto anticapitalista y hasta un proyecto hacia el socialismo, y una parte de los ministros y dirigentes, que se resisten a ese cambio. Según este análisis, existe dentro del Frente Sandinista una corriente que viene del Bloque de los Empresarios, que asumieron un gran poder y una gran influencia desde hace años, y ahora luchan para impedir que el gobierno de Daniel Ortega se radicalice hacia la izquierda.

Yo tengo severas dudas de que este análisis sea objetivo. Más bien, las pugnas actuales en el danielismo son pugnas de intereses. Pero el proyecto personal de Daniel Ortega necesita de un ropaje ideológico para chocar y confrontar a otras fuerzas dentro del Frente, que se le rebelan pero no porque no quieran una radicalidad de izquierda, sino por otros motivos. Esto es lo que ha mostrado un poco el Alcalde de Managua Nicho Marenco al reclamar el derecho a disentir, el derecho a pensar, el derecho a criticar, el derecho a ver de manera distinta las cosas, el rechazo a un enfoque tan verticalista, autoritario y poco democrático como el que actualmente encarna la pareja presidencial. De más está decir que algunos incluso analizan el actual conflicto en el Frente Sandinista simplemente como una confrontación personal con la “insoportable” de la Rosario Murillo. Yo creo que las contradicciones en el Frente se seguirán presentando y la pareja presidencial va a querer que sean percibidas como la confrontación de dos proyectos: un proyecto que quiere seguir con el neoliberalismo -incluso lo han llamado socialdemócrata- y el proyecto revolucionario verdadero, que es el que encarnarían ellos, Daniel Ortega, Rosario Murillo y los CPC. Esto no tiene ninguna base de sustentación, porque uno sabe que actualmente el poder de Daniel y de Rosario dentro del aparato institucional, tanto estatal como en los restos del Frente Sandinista, es absoluto. Y con ese poder, ¿que decisiones estratégicas han tomado? La continuidad de las políticas neoliberales. El presupuesto 2007, que es exactito al presupuesto que dejó Bolaños. Los acuerdos con el FMI, que por primera vez no fueron una imposición del FMI sino el resultado de una propuesta que hizo el propio gobierno. La resistencia a entrar en una revisión soberana de la deuda interna. Hay decisiones que perfectamente podrían haber tomado y no han querido tomar. Vamos a entrar al segundo año del gobierno con un presupuesto que tiene una lógica claramente fondomonetarista y neoliberal. ¿Cuál proyecto revolucionario, pues?

Si el proyecto de la pareja presidencial es revolucionario y progresista, con la orientación que lleva el presupuesto para el próximo año estaremos corriendo sobre más del 30% del período del gobierno sin indicaciones concretas de que lo es. Y a nuestro juicio, esto no sucede porque haya unos ministros que se resistan a implementar una política revolucionaria, porque todos sabemos que uno de los rasgos de este gobierno es tener un gabinete sin capacidad de hacer su propia propuesta, sin capacidad de distanciarse lo más mínimo de las órdenes presidenciales, para no correr el riesgo de ser defenestrado ante la más mínima disidencia.

Si uno entra a la página web del Banco Central y revisa el Programa Económico Financiero hasta el año 2010 y el memorando de entendimiento con el FMI, nos vamos a dar cuenta que este gobierno del Frente Sandinista tiene una política monetaria igualita, una política fiscal igualita, una política comercial igualita, una política crediticia igualita, una política cambiaria igualita a la del gobierno de Bolaños. ¿Cuál es el gran avance que ha anunciado el presidente del Banco Central? Que hicieron una agenda social complementaria. ¿Y quién financia la política social? ¿Los ricos de este país? El 8 de enero, dos días antes de la toma de posesión de Daniel Ortega, Mario Arana, el presidente del Banco Central durante el gobierno de Bolaños, decía que él miraba muy bien cómo venían las cosas. Decía que en Nicaragua hay una deuda social explosiva, que es fuente de inestabilidad y fuente de movilización social y que la gente ya no puede seguir aceptando un nivel tan alto de inequidad social y que por eso era buenísimo que Chávez nos diera dinero para aliviar esa deuda social. Hoy, el gran capital de este país está feliz de la vida: hay una política social que les garantiza estabilidad, sin modificar la política tributaria o la política fiscal o la política financiera. Están felices de que la política social se haga con los fondos venezolanos.

Realmente, las contradicciones que estamos viendo en el Frente Sandinista no tienen que ver con ningún modelo revolucionario, porque ese modelo no existe. Lo revolucionario ellos sólo lo tienen en los discursos.

Los conflictos surgen por un modelo de dirección centrado en el poder por el poder mismo. Lo que existe hoy es una disputa de poder que no tiene nada que ver con el diseño de dos proyectos distintos, sino con las debilidades de un proyecto girando sólo alrededor de intereses económicos, materiales, de negocios en disputa. Es el caso del petróleo venezolano: una de las grandes dificultades que tuvo Nicho Marenco es que él empezó las negociaciones con Venezuela siendo alcalde y cuando Daniel Ortega no era aún presidente. Nicho organizó y dirigió Albanic para iniciar el contrato petrolero y fue literalmente defenestrado de esa posición y se creó Albanisa, excluyéndolo a él. Lo que hay detrás de estas contradicciones son discusiones y disputas alrededor del manejo de algunos de estos negocios.

No hay proyecto revolucionario en el Frente Sandinista. Hoy, lo que hace en Nicaragua el gobierno del Frente Sandinista es más de lo mismo del proyecto neoliberal, con ingredientes adicionales absolutamente negativos: el autoritarismo, el atropello a las libertades. El peor ingrediente añadido, es el pacto con la jerarquía católica para abrazar las ideas más oscurantistas y atrasadas. Este ingrediente nos crea condiciones más difíciles para la transformación, para un cambio revolucionario.

Cuando perdimos las elecciones en 1990, ¿cuál era el principal problema? Como tuvimos que hacer una revolución en condiciones sumamente difíciles, en medio de una guerra, la población nicaragüense identificaba izquierda con guerra. Hasta el año 1996 eso era evidente. Y ése fue el principal discurso de la derecha. El retorno del Frente Sandinista al gobierno estaba identificado con el regreso de la guerra. Pero después, la izquierda quedó identificada con pacto. Daniel Ortega es hoy igual a pacto, a reparto de las instituciones, a reparto del poder, a corrupción, a ambición del poder por el poder. Y el mayor drama es que ahora haga un discurso revolucionarista, porque no hay cosa más negativa para las ideas progresistas, para el socialismo, que Daniel hable de socialismo. Porque lo desprestigia, desprestigia la idea, el concepto que se podría eventualmente levantar. Su práctica va en total contradicción con las ideas de izquierda. Igual con Venezuela: la revolución bolivariana no pudo tener peor embajador en Nicaragua que Daniel Ortega.

En el 2006, estando todavía vivo Herty Lewites, hicimos una encuesta sobre la percepción que tenía la gente en Nicaragua sobre la “izquierda”. Un altísimo porcentaje contestó que Daniel era “muy de izquierda”, pero el 80% de la gente dijo que no se sentía para nada “de izquierda”. Y sólo un 7% se consideraba “de izquierda”. Valoración general: Daniel es de izquierda, y por tanto, la izquierda es vista como negativa por la mayoría de la gente.

Nuestro desafío es construir y presentar a la gente una propuesta alternativa que los seduzca, que los involucre
y que los lleve a una victoria real sobre la inequidad y la injusticia. Pero hay que buscar las llaves para ese modelo donde realmente están.

En el Movimiento por el Rescate del Sandinismo, integrado en la Alianza MRS, queremos presentar una alternativa. Cuando nuestro énfasis crítico lo ponemos exclusivamente en la pata política del pacto -el reparto de las instituciones entre el PLC y el FSLN- nos quedamos en un enfoque parcial, liberal, como el que hace ALN. Pero si ponemos el énfasis en el modelo económico que está impulsando Daniel Ortega, en la sustancia de las políticas económicas, en su verdadera orientación ideológica, que en definitiva es la continuidad -por otras vías- del modelo neoliberal anterior, solo entonces nos distanciamos de la derecha y podemos presentar la perspectiva de una fuerza alternativa.

Nosotros estamos optando por fortalecer el Movimiento por el Rescate del Sandinismo como una fuerza que presione dentro de la Alianza MRS para lograr una mayor radicalidad. Creemos que es urgente construir una alternativa de izquierda más radical. Que supere el ámbito de la lucha electoral y que salga cotidianamente al reencuentro con la agenda de la gente, con la lucha social. Sólo con la gente se puede hacer el cambio.

No vamos a quedarnos nada más en la lucha por despartidizar las instituciones y los cargos institucionales. Esta tarea es crucial, pero no la esencial. Queremos otra cosa, queremos más: queremos superar la sociedad actual, queremos la justicia social, la equidad. Que la gente sea verdaderamente libre. Creemos que Nicaragua necesita volver a reivindicar la izquierda, volver a refundar el sandinismo. Como ayer, luchando por el futuro, luchando por el cambio del sistema. Necesitamos construir una propuesta alternativa que vaya a la raíz de los problemas y que desnude el proyecto de Daniel Ortega desde la izquierda..

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