22 oct. 2007

Venezuela vista por un nica:

¡Es que esta Venezuela se parece tanto a Nicaragua!

Recuerdos de entrega, candor y oportunismo

* Los viajes a balnearios recuperados para la población desposeída, la división de los gremios y el claro arribismo de algunos

* Las familias influyentes que se “dividen” a la espera de “caer siempre parados”, y los periodistas peleados y confundidos

* El mandatario libre de culpas gracias a sus bases partidarias, y el cambio constante de ministros y funcionarios

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Con cada encuentro vienen los recuerdos, las semejanzas, las denuncias de oportunismo, las señales de enriquecimiento, las peleas entre gente sencilla por sofisticados dirigentes, la duda, el temor, el arrojo y la entrega sincera, la alegría espontánea y la ira reprimida. La Venezuela actual se parece tanto en muchos aspectos a la Nicaragua de los años 80, que por momentos uno se siente protagonista más que espectador.

¿Se acuerdan de los viajes baratos a Xiloá, El Velero, Pochomil y otros balnearios? El gobierno de Hugo Chávez tiene una variante más completa. Todos los días hay transporte gratuito desde las favelas hacia diferentes playas del Caribe.

Las familias designadas se alistan y parten a refrescarse ante la mirada reprobatoria de los ciudadanos con mayores recursos que se encuentran en el camino con ellos, y que no tienen tantas oportunidades de distracción por tener que trabajar todos los días.

“Es un premio a la vagancia y a la delincuencia”, nos dice Omar, un joven colombiano que vive desde hace cinco años en Venezuela.

Conocimos también de algunas familias adineradas o influyentes curiosamente “divididas” entre los clanes políticos, en lo que parece más bien un ensayo de lo que en Nicaragua conocemos como “caer siempre parado” en caso de que uno u otro grupo se alce con la victoria total.

Periodistas divididos y confundidos

Reuniones con colegas nos hicieron rememorar las disputas entre nuestro gremio periodístico que culminó con una división que todavía persiste. En Venezuela también hay dos bandos -–uno chavista y otro opositor--, y ambos consideran que son los “buenos de la película”.

Marcos Hernández dirige la ONG “Periodistas por la Verdad”, y haciendo eco del presidente Chávez, no es muy dado a aceptar que le lleven la contraria. Con reticencias acepta que pertenece a las filas del oficialismo, aunque “no en términos puros”, y critica al gobierno por gastar millones en anuncios publicados en los medios que lo adversan.

Hernández considera que sin importar el grado de penetración que tenga en la población, la publicidad estatal debe repartirse en cantidades iguales entre los grandes medios y los pequeños. Él introducirá esa propuesta para las reformas del dos de diciembre.

Reclama una membresía de 10 mil periodistas, de 20 mil que hay en Venezuela, según sus cálculos. Dice que la otra mitad los apoya en secreto, porque los dueños de los medios los obligan a asumir su línea editorial. Todos pertenecen al Colegio Nacional de Periodistas.

Democratizar la información

Hernández aboga por la democratización de la información, lo que pasa por colocar laboralmente al 70 por ciento de los hombres y mujeres de prensa que está en el desempleo. Eso incluye crear nuevos medios de comunicación con apoyo del gobierno, asegura.

No le gusta que Venevisión, a cuyo dueño, Gustavo Cisneros, ubica como cabecilla del fallido golpe contra Chávez el 11 de abril de 2002, haya moderado sus críticas contra el gobierno y ahora reciba abundantes pautas comerciales. Al contrario de la castigada RCTV, Venevisión logró que le renovaran la licencia por cinco años más.

“Periodistas por la Verdad”, acepta Hernández, impulsa una querella contra el canal “Globovisión” --el único considerado de verdad antichavista--, porque reporteros de esa televisora se introdujeron por la fuerza a un hospital a filmar una asamblea de médicos, pese a que los vigilantes tenían orden de no dejarlos entrar. ¿Por qué ellos son los de la demanda y no el hospital o la Fiscalía? Es algo que no logró explicar con claridad.

Los otros

En posición contraria a la de Hernández y con mucha confusión y frustración a cuestas, Yolanda Ojeda y Doris Villarroel, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, creen que el intento del presidente Chávez de convertir a Venezuela en socialista indica que “esto dejó de ser una coyuntura y pasó a ser una estructura”.

Ambas cuentan su incredulidad por el comportamiento de algunos de sus colegas, que inclusive estudiaron con ellas en la universidad. Como están con el “chavismo” ahora las desconocen, y en el mejor de los casos las compadecen, porque lo “escuálido” (opositor) se les ve en la cara.

Yolanda nos cuenta situaciones que no nos son ajenas: el gobierno Bolivariano sólo da empleo a gente que apoya a Chávez, quien piensa diferente es “escuálido”, “cachorro del imperialismo”, “derechista” o “hijo de Bush”. Pocos se sienten cómodos al recibir uno de esos calificativos.

“El presidente Chávez tiene un anillo de protección social, que consiste en que la gente que lo sigue culpa a los funcionarios que lo rodean, y no a él, de los errores que se cometen en Venezuela”, explica Ojeda.

Casi como respuesta, el mandatario se la pasa cambiando ministros y otros funcionarios, lo que los empleados menores interpretan como un mensaje para mostrarse sumisos, señala.

“Es peligroso, fastidioso y frustrante ser periodista en Venezuela”, dice por su parte Villarroel, quien precisa que sólo los medios oficiales u oficialistas tienen acceso a la información del gobierno, y cuando demandan entrevistas, les ponen decenas de trabas hasta que terminan negándoselas.

En cuanto a la duración de los discursos, pese a las protestas de los periodistas nicaragüenses, no hay nada que discutir: el coronel Chávez se lleva de calle a nuestro comandante Ortega.

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