16 oct. 2007

Un nica en Venezuela:

No recuerdo si les había comentado lo que me contaron los miembros de la Delegación de BMX que enviamos a los Juegos del ALBA, acerca de que todas sus salidas estaban super militarizadas y de la percepción de descontento generalizado que encontraban acerca de la presencia de nicas y cubanos entre la población venezolana. Aquí les dejo un reportaje publicado en el Nuevo Diario acerca de cómo andan las cosas en Venezuela en este momento.

Visión de cinco días en Caracas
Entre favelas, petróleo y feas contradicciones

* Capital venezolana “se ahoga” en petróleo, vehículos y delincuencia
* Los cerros y la increíble pobreza, la ayuda que alivia pero no remedia
* Similitudes con la revolución nicaragüense de los 80, incluyendo abusos

Oscar Merlo | omerlo@elnuevodiario.com.ni

Enviado Especial

Nueve años en el poder y todo un mundo de contradicciones. ¿Qué se puede decir de nuevo sobre el presidente de Venezuela Hugo Chávez? EL NUEVO DIARIO estuvo cinco días en la patria de Bolívar y logramos ver, aunque fugazmente, por lo corto de la estadía, el fenómeno social desatado por un hombre que de pronto saltó a la palestra pública tras un fallido golpe de Estado.

Llegar a Venezuela es como introducirse en el túnel del tiempo y volver a vivir un cúmulo de experiencias que creíamos olvidadas: el control monetario, el mercado negro de divisas, la escasez real o ficticia de algunos productos básicos, pintas a favor o en contra del comunismo, fotos del Che por todas partes, y una sociedad altamente polarizada.

Un nicaragüense de mediana edad inmediatamente identifica mucho de lo que ocurre en Venezuela porque vivimos intensamente lo que significó la vorágine sandinista que acabó con la dictadura somocista e implantó un régimen de izquierda en el país.

Ricos vs. pobres

Se trata de los pobres enfrentados a los ricos. Los primeros guiados por un controvertido y carismático líder, y los segundos haciendo férrea resistencia con todos los medios a su alcance para no perder sus históricos privilegios. En medio queda el pueblo trabajador conformado fundamentalmente por la clase media en todas sus escalas, que de acuerdo a las circunstancias, apoya a uno u otro bando. Este sector es el que más sufre.

Los más favorecidos, sin duda, son los millones de seres apiñados en las favelas de Caracas, igualitas a las que alguna vez vimos en el peligroso Río de Janeiro, en Brasil. Los desheredados venezolanos habitan cuanto cerro circunde la capital, porque las tierras planas ya tienen dueños.

Y esta gente es tan pobre como peligrosa para muchos ciudadanos que la relaciona con los asaltos y crímenes diarios que sacuden el país, y en particular a la caótica Caracas, que parece a punto de sucumbir bajo el peso de su increíble parque vehicular.

De los cerros, según los caraqueños y los principales medios de comunicación opuestos al gobierno, salen los niños, adolescentes y jóvenes que se dedican a asaltar a mano armada, y bajo los efectos de la droga, a los conductores obligados a esperar en las enormes colas que se forman debido al superávit de automóviles.

De allí provienen también los ladrones y asesinos que asolan las calles de Caracas, invisibles para los visitantes de otros lares, pero cuasi ubicuos para quienes les ruegan que se cuiden para no ser parte de las pavorosas estadísticas. Es imposible no ser afectado por esta aparente paranoia de los capitalinos, que ven delincuentes hasta en sus sombras.

Varios periodistas nicaragüenses fuimos invitados a Caracas por la ONG Transparencia Internacional. El periplo contemplaba principalmente a gente ligada al periodismo opositor. Ningún funcionario del gobierno quiso recibirnos porque al presidente Hugo Chávez no le gustan los medios de comunicación que le hacen críticas.

No aprueba “misiones”

Nelson Maldonado, poderoso presidente del Consejo Nacional de Comercio y los Servicios (Consecomercio), fustiga la atención que el gobierno dispensa a los pobres a través de las “misiones” o programas sociales del presidente Chávez, porque les entrega dinero para que se alfabeticen, estudien carreras técnicas o se adiestren en diferentes manualidades.

A Maldonado, un maduro ex marinero que en la década de los 80 tocó costas nicaragüenses con barcos de su empresa particular y que entre los reconocimientos a su labor de líder empresarial tiene uno del Cosep de Nicaragua, le molesta que debido al dinero que Chávez entrega en los cerros haya escaseado la mano de obra.

Los más vivos, dice, reciben hasta dos salarios, y hay una especie de “estudiantes” vitalicios que se niegan a reconocer que han aprendido el oficio, convencidos de que recibir el estipendio gubernamental es la forma más cómoda de pasarla “chévere”.

No piensa igual Ana María Nieves, una mulata que paseaba por un centro comercial del Chacao en compañía de una amiga blanca que no quiso opinar sobre lo que ocurre en su país, porque “después la ponen en lista” y no conseguirá empleo cuando busque.

Nieves se declara no chavista, pero tiene familiares en los cerros. Dice que a ellos les ha ido bien con el gobierno, sobre todo con el Mercal, una forma de mercado popular que subsidia alimentos y otros productos básicos que en las favelas nunca se habían visto. Ella cree --y su amiga asiente-- que allí van a parar el azúcar, los huevos, la leche y el papel higiénico que escasean o no se encuentran en los supermercados y abastos de la gran Caracas.

También hay médicos cubanos, en una de las “misiones” conocida como Barrio Adentro, que llevan valiosa ayuda a personas diezmadas de por vida por enfermedades infectocontagiosas.

El ex marinero Maldonado vuelve a contrariarse cuando menciona a los galenos de la mayor isla del Caribe. “No son médicos, sino paramédicos”, suelta, y remacha que aparte de que reciben buen estipendio, Chávez paga a Fidel Castro una determinada cantidad de barriles de petróleo por cada internacionalista.

¿Y cómo son esos barrios? Preguntamos a la joven del Chacao. Ana María sonríe y aconseja que mejor ni nos acerquemos, porque ven en todo periodista a un “escuálido”, es decir, a un enemigo del presidente Chávez. Hay que llegar con un dirigente comunal y, de ser preciso, hasta custodiado por la Policía, nos había dicho Luis Betancourt, un descendiente de las canarias españolas que se gana la vida haciendo labores de chofer para otras personas.

Las favelas de los cerros son de una arquitectura imposible, y según la joven Nieves, hay mucha gente en cada casa, hecha la mayoría con latas viejas y pintadas de color marrón, lo que las hace inconfundibles desde lejos.

El presidente Chávez ha entregado materiales y mano de obra para mejorar las barriadas de los cerros, por lo que se ve actividad en algunos, mientras se observa el terraceado en otros que albergarán a nuevas “víctimas del capitalismo”, como llamó hace días un funcionario chavista a jóvenes antisociales captados en pleno asalto a conductores por las cámaras de Globovisión, un canal de televisión de furibunda oposición.

Pero las regalías a los necesitados no parecen ser gratuitas. Sin medir quizá las consecuencias futuras, el gobierno los utiliza en sus concentraciones políticas y para intimidar a los opositores. Son también la excusa del multimillonario gasto del erario del que nadie sabe nada.

¿Quién tiene la razón en Venezuela? Por lo que vimos, cada uno tiene su parte de la verdad. Quizás haga falta juntarlas para darle estabilidad a una nación que al decir de don Nelson Maldonado y de cada venezolano al que le pregunte, “se ahoga” en petróleo, pero el dinero que produce apenas se ve y la pobreza crece cada día.

1 comentario:

  1. Que idea más interesante la que he leído expuesta... sí... :)

    Un saludo,
    Doctor, crítico de Blogs

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