21 sept. 2007

Nuestro amado Rubén:


De Rubén Darío podemos decir cantidad de cosas, no alcanzaría este blog para referirnos a su vida, su obra, su trascendencia en las letras hispanas. He encontrado un sitio del cual tomo prestadas estas declaraciones de personas que vivieron la época de Rubén... también dejo el enlace (link) para que accedan a ese sitio quienes deseen conocer más de nuestro entrañable poeta (sitio creado por: Cecilia Ruiz de Ríos), en esta copia respeto los errores ortográficos que he encontrado por cuanto no sé si están contenidos en los documentos originales transcritos.

COMO ERA RUBEN DARIO (Por Osvaldo Bazil)

Mi amistad personal con Rubén Darío data del año 1910. Antes de esa fecha nuestra relación era epistolar. Su nombre tenía ya los prestigios de un monarca del verso. Todos ansiábamos conocerlo. Había anunciado, por cable, su llegada a la Habana, de paso para México. Para la juventud literaria de cualquier capital de Hispano-América, la llegada de Rubén Darío era un acontecimiento.

El cetro de la lírica de América era en sus manos. ¡Todas las cabezas se inclinaban a su paso! Natural, pues, que la Habana literaria le rindiera jubilosa, sus homenajes. La hora de la llegada nos la comunicó Catalá.

Era de seis a siete de la mañana, hora absurda e inconcebible para las estrellas y para los poetas. Pero, ese día, habían estrellas razagadas en el cielo, para verlo llegar. Y poetas, sin dormir, que esperaban al poeta príncipe. Esto acontecía en una mañana del mes de septiembre del año 1910. Ya el poeta está entre nosotros. En un remolcador lo conducíamos Catalá, Arturo R. de Carricarte, Bernardo Barros, Francisco Sierra, Eduardo Sánchez de Fuentes y yo.

No me lo imaginaba tal como apareció ante mí, a pesar de que me era familiar su rostro por los retratos que publicaban las revistas. El Rubén que ví ante mí era así: pálido, marfileña la color, alto, grueso, abdomen abacial, ojos chicos y vivos, casi mongólicos, escrutadores. Sus ojos preguntaban lo que la boca callaba. Manos magníficas, dedos finos, largos, perfectos; la nariz terriblemente ancha y fea, los labios finos, tenuemente rosados.
Era un hombre más bien feo, pero no se le veía la fealdad, sin duda, porque la ocultaba la luz espiritual que emanaba de su personalidad. Se sentía ante él, al minuto, la impresión de estar delante de un hombre de genio. Algo búdico había en su gesto y en su rostro.

La presencia del hombre superior se manifestaba en él, no por lo que decía sino por cómo lo decía o por lo que callaba o por cómo escuchaba a los demás. Nunca he visto a un hombre que, como Rubén, sin pronunciar una palabra, tomara parte activa en una conversación hasta el punto de dirigirla y hacerla interesante. Rubén era hombre así: Gesto lento. Ademán lento. Andar lento. Hablar lento. ¡Majestuosa lentitud de incensiario ante el altar de un Dios era la suya!

Como el poeta venía de Embajador de su país, a la celebración del Centenario de México, la primera visita fué hecha a la Secretaría de Estado. Allí lo esperaban la gentil presencia de Sanguily, de quien escuchó la bienvenida de Cuba. Seguimos a la Legación de México, y después a la de Santo Domingo, entonces a mi cargo, en donde le ofrecí un improvisado Champagne de Honor. En la noche hubo el indispensable banquete de rigor, en el "Hotel Inglaterra".

Entre los oradores de esa noche tengo fijo en la memoria a Max Henríquez Ureña y a Fernando Sánchez de Fuentes. En la Habana se enteró Darío de que el Gobierno que lo había nombrado Embajador había sido derrocado y que el nuevo Gobierno lo había sutituido con otra persona, sin avisarle cuál era su situación. Esta América ¡siempre igual! La inconsciencia midiendo con una misma vara todas las categorías! Nadie podía, en su patria, dar la representación que él.

Nadie podía honrar como él a su patria, y, sin embargo, le dejaban abandonado en una ridícula situación. Y todo porque era amigo personal del Presidente caído! Rubén no sabía qué cosa hacer! Ponía cables a México, a Nicaragua. Nadie contestaba. Por fin, decidió seguir viaje, atraído por el deseo de conocer el maravilloso país azteca, en donde tenía grandes amigos, que no dejarían caer sobre Nicaragua la triste gloria de que su hijo más ilustre padeciera la afrenta del hambre.

Pero la situación, al llegar a Veracruz, se hizo casi trágica: en la cpaital de México, los estudiantes complicaron la situación, tomando el nombre del poeta como bandera de guerra contra los Estados Unidos. Y Rubén no tuvo más remedio que retornar a la Habana, en el mismo barco que lo había llevado. Sus amigos y el Gobierno mexicano así lo aconsejaron. Le dieron en la persona del pintor Ramos Martínez un noble emisario oficial para que lo acompañara a Cuba.

De nuevo el poeta, en la Habana, en el "Hotel Sevilla", instalado en lujoso "apartamento". El poeta está en desgracia, pero ya está en tierra cubana, en donde toda esperanza es como más dulce y de más grata realización. La primera tarde de su regreso de México fuimos a buscarle al "Hotel Sevilla". Eduardo Sánchez de Fuentes y yo, para dar un paseo en automóvil.

El poeta se preparaba a dar solo este paseo. Pero se alegró de nuestra compañía. Quería dar muchas vueltas por el Malecón--nos dijo--. Un misterio de amor asomaba en su sonrisa! Rubén no era hombre de amor. Era hombre tímido, ruboroso, callado, miedoso, aunque sensual y artista del amor! Pero, de esto a ser hombre de amor hay una gran diferencia, como que ambas categorías tienen su naturaleza y su tipo que le son peculiares!

Durante el paseo no hacía sino mirar para los pios altos del Malecón. Su inquietud era evidente. No me atrevía a ofrecerle mi ayda ante tal misterio. Yo lo trataba con gran respeto. Mi intimidad con él sobrevino después, y con ella, el carino profundo y el "tuteo", irremediable en el trópico.

RUBEN DARIO PERIODISTA (Por Guillermo Díaz Plaja)
Rubén Darío 1893.

La vida literaria de Rubén Darío está estrechamente vinculada, desde sus princios, al periodismo. En la prensa diaria o periódica ven la luz no sólo numerosas composiciones en prosa, sino también la mayoría de sus poemas.

Armando Donoso (1) ha escrito, refiriéndose a este aspecto: <>

No estoy conforme con esta opinión.

Cierto que la hoja cotidiana tiene decretada una muerte pronta ero esto no es bastante para alterar su valor. La producción literaria puede surgir con la misma limpidez en el periódico y en el libro. Pero yo creo que es preciso establecer diferencias entre el periodista y el escritor. No me asalta una preocupación jerárquica. Creo que una de las obsesiones de nuestro tiempo consiste en eliminar jerarquías para crear diversidades.

Un escritor no es ni más ni menos que un periodista. Es otra cosa.Hablo así, frente al panorama general de la literatura y de la Prensa. Y pienso que las excepciones confirman la regla. He aquí esta gloriosa excepción: Rubén Darío.En Rubén Darío el periodista y el escritor -- por dichosa ventura -- coinciden. Y teóricamente, el poeta hace acto de fe en este criterio. El caso de Darío, repito, es excepcional. No prueba nada.

Es grato oír de sus labios esta utopía dicha con palabras inolvidables: <> Creo, pues, que es falsa la opinión de los que afirman que si las crónicas escritas por Rubén bajo el imperativo de la actualidad y de la prisa hubieran sido redactadas en plena calma, su calidad literaria hubiera sido. Mucho mayor. No. El temperamento de Darío es esencialmente periodístico.

Todas las preparaciones y todos los retoques no hubieran añadido un ápice más de beleza a su obra artística. La prueba puede, encontrarse comparando el estilo de sus cuentos con el de sus crónicas: no existe ninguna diferencia esencial. Sus dotes de escritor de raza le permitían plegarse a todas las exigencias, sin dejar de acuñar en la obra su sello de grandeza.

Hay dos facetas en el periodismo de Ruben: la americana y la europea. La heroica y la señorial. La que forjó periódico y martilleó vivaz sobre el yunque cotidiano, la que alimentó las prensas de La Verdad de Nicaragua, La Unión de El Salvador (defensor de la unidad centroamericana, propugnada por Darío en un restallante manifiesto modelo de prosa periodística y batalladora).

El Correo de la tarde de Guatemala y La Epoca de Chile. Y, por otra parte, la faceta aristocrática del periodismo de Rubén, cuando, en posesión de un prestigio universal, La Nación, el formidable rotativo bonaerense, le encargó la corresponsalía europea con horarios principescos. De esta segunda parte de su labor baste decrir que la mayoría de los libros en prosa de Darío son recopilaciones de crónicas literarias publicadas en La Nación de Buenos Aires.

Finalmente es preciso anotar otro aspecto periodístico de Rubén: en el acoso -- triunfal -- de su vida cuando fué nombrado director de Mundial y Elegancias, dos magazines de lengua española publicadas en París, verdaderos alardes de riqueza tipográfica y de calidad intelectual.

Los funerales del poeta
Rubén Darío en su lecho de muerte

El 7 de febrero las ondas eléctricas a través de los hilos telegráficos y del cable submarino han llevado la noticia de la muerte de Rubén Darío a todos los confines de Nicaragua, a todos los gobiernos de América, de España, Francia y Portugal.

Los mensajes de pésame retornan de todas direcciones hasta sumar el número de mil quinientos. Uno de ellos, el más breve, el más elocuente, el que concentra el duelo del alma hispánica, es el de La Nación, de Buenos Aires, que sólo dice <>.

Los poderes públicos de la nación acuerdan honores oficiales solemne; sin embargo, el Ejecutivo, mostrándose acaso por primera vez muy respetuoso de la ley, y lo que es más raro aún, de una ordenanza militar, acuerda honores de ministro de la Guerra, no de presidente, en tanto que el obispo de León, comprensivo de que el país está ante un duelo único, que sólo la esperanza de una gloria igual futura pueda permitir que el caso se repita, acuerda hacerle honores del príncipe.

Las municipalidades, clubes sociales, institutos culturales, asociaciones obreras y profesionales, levantan actas expresivas del duelo que a todos embarga.

León se convierte en el punto de confluencia de las romerías de todas las ciudades de la República. Diríase que la nación entera se vuelca en la vieja ciudad.

El cadáver ha sido embalsamado cuidadosamente para hacerle numerosos homenajes que las instituciones preparan y que un Comité especial coordina. De la casa mortuoria es llevado al edificio de la Municipalidad y de allí a la Universidad, donde su suceden una serie de veladas fúnebres. En ellas los trabajadores del verso y de la prosa leen las flores de duelo arrancadas a su inspiración. El cadáver permanece en capilla ardiente custodiado por individuos del ejército que se alternan con estudiantes. Su cabeza está coronada de laurel y la faz sellada por la muerte, por la enemiga que fue el terror de su vida.

El día 12, seis después que expiró, a las ocho de la mañana, se le lleva a la catedral para recibir los imponentes honores acordados por la Iglesia, y los cuales tienen lugar ante una asistencia jamás vista en la gran basílica. El obispo Pereyra y Castellón y su clero no han omitido detalles para que el acto resulte a la altura de sus deseos y de los merecimientos del ilustre muerto. El discurso del prelado es correcto y elocuente, los períodos vuelan por las amplias naves como cadencias musicales.

Ese día los trenes han llegado a León congestionados de gente y con muchos vagones extra agregados; la ciudad es una Meca en el aniversario de Mahoma. Masaya envía un tren cargado de flores. Los hoteles, pensiones y casas particulares están colmados y muchísimas personas tienen que regresar el mismo día, porque no hay más alojamiento.

El féretro vuele a la Universidad, y allí se dispone, conforme al programa previamente organizado, la gigantesca procesión para conducir los restos a su último destino el día 13. Es domingo, y como en aquel que él cantó, el sol fulgura bañando con sus oros la ciudad colonial. En compacta y unitaria confusión están allí todas las clases sociales: obreros y universitarios, señoras del alto mundo y honradas trabajadoras, intelectuales e iletrados, todos conjurados por el mismo dolor, todo como partícipes de la misma gloria, están allí para rendir el último tributo a quien se las dio con el prestigio de su nombre y la calidad suprema de su arte. Presiden el desfile los representantes de los Poderes del Estado, de la Universidad, de los países hermanos, y luego las asociaciones profesionales y culturales.

Siete disparos de cañón marcan la señal de la partida. Las campanas hacen oír en coro sus toques lastimeros, y empieza el desfile. El cadáver es llevado con el rostro descubierto y coronado de laurel, viste un peplo gris y es conducido en unas andas adornadas de blanco y azul, bajo un magnífico palio de flecos colgantes. A ambos lados teorías de canéforas con sus albos trajes y sus cestillas colmadas de flores van arrojádolas al ritmo de la marcha. El desfile sigue el curso de la procesión del domingo de Ramos, y al pasar bajo un arco levantado cerca de su casa, se abre una granada de cuyo seno caen flores y versos, exactamente como en aquel domingo de Ramos de su infancia, en que sus versos cayeron al pasar el Jesús triunfal y fueron arrebatados por la multitud.

Santiago Argüello lee el último discurso. El suyo, igual que los demás que han sido dichos durante la semana luctuosa, es un poema en prosa sin ningún juicio valorativo; pero sonoro, orquestal, con hipérboles que dicta la imaginación ajena al sentimiento verdadero.

Ya la noche ha tendido sus negras cortinas cuando el imponente cortejo llega a los umbrales de la puerta mayor de la catedral, y se dirige por la nave central hacia la columna en que se destaca la estatua del apóstol San Pablo. A sus pies se ha abierto la sepultura que recoge los restos del poeta que fuera el verbo de su raza y uno de los genios suñeros en la evolución de su cultura. Sobre su tumba, símbolo de la ciudad natal, descansa un león tutelar, como vigilando el cumplimiento del voto formulado por uno de sus hermanos en la lira, Antonio Machado.


· Nadie esta lira toque si no es el mismo Apolo, · Nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan.

2 comentarios:

  1. Oye dale credito a la sra.Rios, Ruben Dario homepage no es su unica pagina, visita el blog cecilmundo.blogspot.com y maravillate.Me pone verde de envidia esta dama.

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  2. Si le hemos dado el crédito... ahora, que no conocía su vena literaria es verdad. Hemos puesto su dirección en el widget (artilugio) de Feevy, así todos mis visitantes pueden estar al día con sus publicaciones... Gracias por el tip.

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