31 ago. 2007

Un texto de reflexion necesario (para simpatizantes MRS):

Nicaragua

MRS: un Mensaje Respetuoso al Sandinismo

¿Por qué el MRS tuvo unos resultados electorales tan por debajo de lo esperado? ¿Y cómo es posible que Daniel Ortega haya tenido aún tanto apoyo en el sandinismo, considerando su trayectoria política en los últimos años? Son preguntas sencillas que sugieren respuestas algo complejas. Formulo sólo algunas mirando a Nicaragua y al sandinismo con la perspectiva que me da la lejanía en el espacio y la cercanía con las causas de ese querido pueblo.

Iosu Perales

Creo que el voto por la Alianza MRS fue un voto elaborado, racional. Un voto difícil para una parte del
electorado en la medida en que hacerlo ha supuesto una ruptura sicológica y sentimental con la “casa madre”. Otro segmento potencialmente votante del MRS, aun cuando intelectualmente estaba maduro, tal vez no haya podido llevar a cabo esa ruptura, menos aún cuando las encuestas daban a Daniel Ortega como muy probable ganador de las elecciones. El voto por el MRS ha sido el voto consciente de personas que han pensado las derivas del FSLN y ejercen un pensamiento crítico. Es por ello un voto probablemente concentrado en sectores con formación, universitarios, cuadros técnicos y profesionales, mujeres feministas... ¿El MRS logró suficiente arraigo popular, superó sus sesgos urbanos?

EL RETO: SUPERAR LO ELECTORAL

En los resultados del MRS -menores a los esperados- podemos encontrar varias causas. Es un movimiento muy joven que no ha podido presentar credenciales suficientes para lograr un voto útil. Su activo más importante, electoralmente hablando, era el fallecido Herty Lewites, que había ganado elecciones municipales y tenía crédito como gestor. Las debilidades del MRS hicieron que su discurso político se moviera sobre todo en la esfera de una comunicación a la que no acceden las mayorías populares: internet, medios escritos. El contexto interno de división de los liberales en dos partes casi iguales hizo más creíble el triunfo de Ortega y esto produjo el efecto de “esta vez sí podemos ganar” arrastrando hacia el FSLN a potenciales votantes del MRS. También el fac¬¬tor externo: el momento de América Latina, y en particular los apoyos de Chávez al FSLN con sus promesas de llevar petróleo barato y otras donaciones, favoreció a Ortega.¬

Éstas y otras causas conjugadas parecen estar detrás de los resultados del MRS, unos resultados que no siendo buenos no son tan malos. Es verdad que en la Asamblea Nacional será una voz limitada. Pero mirando los casi 200 mil votos que respaldan a esos parlamentarios, votos cualificados, no son tan poca cosa. Lo que hace falta -como dijo Mónica Baltodano cuando votaba- es que el proyecto MRS se consolide más allá del fenómeno electoral y que madure en un proyecto de sociedad con un horizonte de trabajo con la sociedad civil.

DANIEL ORTEGA: UNA REFERENCIA PROVIDENCIAL

El FSLN liderado por Daniel Ortega pactó desde 1998 con Arnoldo Alemán, el Presidente corrupto, procesado y encarcelado, para forzar el bipartidismo y repartirse el Poder Judicial de tal forma que les permitiera a ambos protegerse de delitos cometidos. Desde esa fecha, Ortega inició una larga marcha de claudicación. A pesar de todo, Daniel Ortega ganó con el respaldo de la mayoría del pueblo sandinista.

Los resultados del FSLN ponen de relieve que en los comportamientos populares, en sus creencias, en su imaginario, los factores sentimentales, emocionales, son algo muy vivo. El mejor discurso crítico puede chocar con la realidad popular. Con frecuencia, el discurso racional no logra capturar políticamente a una mayoría popular que siente y percibe la realidad desde otras prioridades y con otras claves.

Las condiciones materiales de vida de sectores urbanos y campesinos tuvieron un peso innegable a la hora de decidir su voto. La necesidad urgente de mejorar la vida hizo que sectores populares buscaran en Daniel Ortega una referencia providencial: a él le han delegado el destino de sus vidas, al menos a corto plazo. El impulso de una acentuada precariedad en las condiciones de existencia de buena parte de la población se proyecta en un imaginario, en unos casos idealizando el pasado que fue. En otros, los que no lo conocieron, pensándolo como necesidad de recuperarlo.

ESE PASADO AÚN VIVO EN EL VOTO

Las difíciles condiciones materiales de Nicaragua han cultivado actitudes colectivas de seguimiento a un liderazgo que se ha expresado en un discurso sencillo, comprensible, aunque conteniendo una gran retórica e incluso apoyándose en valores conservadores y en valores religiosos tradicionales. El líder Ortega ha explotado el lado más tradicionalista de quienes viviendo en la pobreza necesitan confiar en alguien. Las condiciones de sobrevivencia operan a través de ideas, representaciones, imágenes, sentimientos, que desplazan lo racional como algo propio de quienes viven en condiciones menos urgentes.

Como ha escrito alguna vez el pensador español Eugenio del Río, los movimientos ideales y emocionales están en el origen de los seísmos sociales, de las grandes convulsiones, de las manifestaciones electorales. Es posible que en el caso de Nicaragua ni siquiera las condiciones del presente pueden explicarlo todo. Hay un conglomerado de componentes históricos, de deseos de venganza, de frustraciones, de anhelos no cumplidos, de insatisfacciones... En expresión de Gustav Landauer: El pasado está en el presente, vivo, se precipita a cada instante en el futuro, es movimiento, es camino.El pasado se traduce en sueños, resentimientos, ilusiones, vértigos…Cada cual mira al pasado con sus propios ojos y en cada cual el pasado que actúa tal vez no coincida con el que fue.

Las conductas populares no son el simple reflejo mecánico de determinadas condiciones materiales de existencia. El mundo de las ideas y de los sentimientos colectivos constituye una esfera autónoma en la que se traducen de manera compleja necesidades materiales colectivas, necesidades afectivas y anhelos espirituales muy diferentes. Pero entre lo material y el mundo de las ideas hay una conexión importante que se puede expresar de diferentes maneras: a veces para tomar las calles, a veces para una rebelión, para una revolución, otras veces para seguir a un caudillo, para un resurgir de lo tradicional, de lo religio¬so. De modo que las manifestaciones populares pueden mostrarse de una forma y de la contraria: mirando hacia delante o hacia atrás.

Se trata de una realidad que se nos escurre entre los dedos, un mundo subjetivo al que no se llega únicamente desde un discurso racional. Hay que aproximarse, conocerlo cara a cara, y vivir en él, empaparse en él, para compren¬der¬lo. Hay que descubrir ese río subterráneo de in¬sa¬tis¬fac¬cio¬nes, de anhelos, de angustias e ilusiones, de búsqueda de la felicidad, aunque sea por caminos equivocados.

LA IZQUIERDA DEBE PROPONER UNA NUEVA VIDA

La realidad de “lo popular insatisfecho” decidió su voto hacia el FSLN y no hacia el MRS porque la gente que así vo¬to vive en estado de emergencia y necesita una opción con posibilidades de ganar; porque el FSLN representa lo co¬nocido y un pasado idealizado, en tanto que el MRS es al¬go nuevo e incierto; porque para las mayorías populares la prioridad es la pobreza, el desempleo y el hambre, mien¬tras¬ que los derechos, la democracia y la igualdad de género son asuntos que se perciben como mucho menos importan¬tes.¬

Por eso, en la izquierda, más allá de ver en la gente un dato movilizador y/o electoral, tenemos que ser capaces de conectar con ese mundo sentimental, para proponer una nueva sociedad, una nueva cultura, unas nuevas relaciones humanas, un nuevo mundo sentimental. No es sólo un programa económico y más democracia política lo que debemos proponer, también debemos proponer una nueva vida.

Hablamos mucho de proyecto popular, de movimientos sociales, pero lo hacemos en una clave excesivamente politicista. O dicho de otra manera, lo hacemos conociendo poco la realidad que habita por debajo de lo que vemos. En otros casos hacemos un mito de lo popular, cuando en la realidad vemos que mucha gente, con frecuencia, es conformista o vota a la derecha o vota populismo. Tenemos que hacer un esfuerzo por construir un discurso, una propuesta cotidiana, un programa electoral, que contemple las distintas dimensiones humanas y llegue a la gente mediante una política de la vida. Eso sólo lo podemos hacer “pegados” a la gente, y a esas aspiraciones casi siempre carentes de nombre, a esa felicidad que los seres humanos perseguimos aun sin saber en qué consiste, y que intentamos hallar sea en el orden individual o familiar, ya sea en el ámbito colectivo.

ESE CAUDAL DE ASPIRACIONES

El gobierno de Ortega puede hacer y hará algunos esfuerzos en el ámbito de la salud, de la educación, del reparto de tierras... Lo hará porque necesita dar una respuesta a sus votantes. Pero no podrá, seguramente, desligarse de sus compromisos con grupos empresariales, con el FMI. No podrá romper el círculo del neoliberalismo y la pobreza estructural seguirá. Lo probable es que el gobierno de Daniel Ortega diseñe políticas económicas “ortodoxas” preocupadas por los equilibrios macroeconómicos, combinándolas con programas sociales limitados para aliviar la pobreza. Nicaragua continuará instalada en una economía frágil, muy vulnerable a factores externos. Veremos cómo Ortega podrá combinar dos lealtades: al capital y a las mayorías sociales.

¿Cuál será la conducta popular en los próximos meses? Hay un caudal en la confluencia de malestares de origen diverso en las mayorías populares de Nicaragua, concernientes a las más variadas facetas de la vida humana: penalidades materiales como el hambre o la pobreza, frustraciones profesionales, insatisfacciones en las relaciones humanas, violencia doméstica, descontento frente a las múltiples formas de violencia cotidiana, carencias en educación y salud, carestía de la canasta básica, necesidad de emigrar...Todo ello se cruza con la identidad de los diversos grupos sociales: con las necesidades insatisfechas de mujeres y hombres de la ciudad o del campo, con la rebeldía de tantas mujeres y jóvenes, con estudiantes que reivindican recursos, con las aspiraciones de las mayorías por alcanzar una vida mejor. Es una realidad social viva que no permanecerá pasiva ante lo que haga el gobierno, aun cuando durante los primeros meses le dará crédito en forma de tiempo. Si en las urnas se ha buscado un hombre providencial, ese mismo hecho tiene un plazo de caducidad. Veremos.

ESA IZQUIERDA SATISFECHA

He de decir que desde mi posición crítica a Daniel Ortega y mi proximidad al MRS, en tanto que esfuerzo ético y político de un sandinismo no corrupto, he asistido perplejo a los análisis y reacciones de buena parte de la izquierda latinoamericana. Ésta ha dado su apoyo a Daniel Ortega desde dos posiciones. No saber o no querer saber de la corrupción política y moral de Daniel Ortega. O saber de esa corrupción, pero estimar que Daniel es, a pesar de todo, “de los nuestros”. En ambas posiciones he podido detectar un punto en común: lo único importante es ganar un gobierno más para la lucha latinoamericana contra el neoliberalismo.

Además de que no está nada claro que Daniel Ortega va¬ya a dar en la práctica una batalla contra el neoliberalismo, en esta visión del neoliberalismo predomina en la izquierda una dimensión esencialmente economicista. Es la vieja posi¬ción que ignora el carácter multilateral de la lucha y de cual¬quier¬ proyecto de sociedad. No importa que Daniel Orte¬ga se haya corrompido y que su mensaje social esté contami¬na¬do, ya para siempre, si en su retórica ha¬bla¬ contra el imperialismo y se saca fotos con Chávez y Fi¬¬del Castro.

El problema se extiende a toda la izquierda: ¿Ha abandonado la idea de construir una nueva sociedad para centrarse únicamente en la batalla de la economía y de las imágenes? ¿Es que penalizar el aborto terapéutico que tenía más de cien años de existencia legal en Nicaragua es algo baladí? ¿A la izquierda que apoya a Ortega le da igual? Si es así, existe un grado muy alto de espíritu conservador en la izquierda tradicional de América Latina. Al parecer no importa la calidad moral de esa misma izquierda, no importa su proyecto de sociedad, no importa que se conduzca de manera oportunista. Sólo importa ganar en las elecciones, como si ello fuera garantía de un cambio, por otra parte tan necesario.

¿Y AHORA?

Y ahora, ¿qué hacer? ¿Qué política hará el MRS en el Parlamento? Y ¿cómo va a seguirse comunicando con la gente? ¿Un discurso para consumo de los votantes cualificados del MRS o para los de la Nicaragua profunda? Será necesario construir una nueva base social, partiendo de la base electoral que se consiguió. La gente debe seguir viendo al MRS cerca, en la puerta de su casa, para transmitirle confianza, para hacerle ver que es un movimiento de futuro. El MRS debe ponerse muy rápidamente a examinar los resultados y a extraer conclusiones; a construir un proyecto político de largo plazo; a establecer una estrategia parlamentaria y de comunicación; a sentar las bases para la construcción de una base social amplia. Ahora, sin la premura y la cautividad de las elecciones hay tiempo para hacer este camino, tan necesario para Nicaragua.

POLITÓLOGO. AUTOR DEL LIBRO “LOS BUENOS AÑOS: NICARAGUA EN LA MEMORIA”.


Copiado de la Revista Envío

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